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domingo, 20 de diciembre de 2009

¡Qué bonito, qué bonito... Qué bonito!

Y corría la esperanzadora cumbre de Copenhague sobre el clima en la Tierra... Y subió al estrado un presidente de gobierno a lanzar su esperanzador discurso al mundo... ¡Era el presidente de nuestro gobierno! Y tras no decir casi nada, lo dijo... "La Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento". Y bajó del estrado tan orgulloso y contento. Y el mundo se quedó diciendo... "¿Qué coño ha dicho?".


¡Qué bonito, qué bonito... Qué bonito! Sí señores. Con esta sonora cursilada (por no decir otra cosa) cerró su discurso nuestro presidente de gobierno... Y yo que encima le voté, muriéndome de la vergüenza ante los toquecitos de mi amigo Pablo, que evidentemente ni le votó ni le votará nunca.

Señor presidente, no tenía usted nada mejor que decir... Por lo menos podía haber completado el argumentario. Podía haber dicho que en un planeta sin fronteras en el cielo, ese viento hace que la mierda que lanzamos a la atmósfera en los países ricos alcance las costas de África. Altere la química del Océano Índico, el grado de reflexión de la luz solar sobre la superficie del agua y, por tanto, su temperatura. Provoque el descenso de la humedad ambiental y anule el régimen de lluvias sobre Etiopía... Lo que ha costado ya más de dos millones de vidas humanas en los últimos veinticinco años. Tan humanas y con tantos Derechos Humanos como usted y como yo. Dos millones de hombres, mujeres y niños que sin haber quemado ni un gramo de carbón o de petróleo, sin haber consumido ni un kilovatio por hora de electricidad, están muertas por efecto de nuestra contaminación y del viento... Y nosotros seguimos subvencionando la quema de carbón nacional.

Señor presidente... ¿De verdad que no tiene nada mejor que decir? Si es así, haga honor a la entrada de este blog "Hablar por hablar" y rememorando a mi abuelo... ¡Cállese!

¡Joder qué pais, joder qué país... Joder qué país!

P.S. Señor presidente, al que le escribe los discursos despídalo sin dilación.
P.P.S. Imagen tomada de la red del presidente del gobierno en plena intervención.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Hablar por hablar

Mi abuelo quemó gran parte de su salud y de su vida hundido en las entrañas de la tierra, arrancándole a golpe de pico y barrena sus riquezas. No tuvo formación académica alguna y aprendió a leer en la mili, en la que pasó casi cuatro años... Y desde entonces no paró. Siempre lo recuerdo con un libro o un períodico en las manos.

Normalmente callado, cuando hablaba, yo me quedaba maravillado ante la opinión de un hombre lúcido a quien la vida había entregado a manos llenas su sabiduría. Cuántas veces recuerdo su cara afable, arrugada y cariñosa. Cuántas veces le veo paseando conmigo a la luz de un atardecer y riendo con su mirada las miles de aventuras que yo, siendo niño, le contaba. Cuántas veces viene a mi mente la imagen de su inseparable boina (nunca bajo techo). Una boina que me encantaba quitarle para encasquetármela como un paleto hasta cubrirme las orejas, acompañándolo con un gesto de deformidad en el rostro. ¡Lo que él se reía!

Cuántas veces rememoro tantas cosas de él y sin embargo, no recuerdo una palabra a destiempo, una conversación estridente, una parrafada sin sentido... Nunca recuerdo que hablase por hablar. Quizá, cuando se ha descubierto la lectura y el lenguaje a una edad adulta, se respeta más.

Recuerdo que mi abuelo, ante la televisión y la radio, decía muchas veces que se "aturrullaba" (magnífica palabra). Qué pensaría hoy, casi quince años después de su adiós a este mundo si contemplase el bombardeo de estulticia que nos invade en forma de lenguaje absurdo. Qué pensaría de una clase política; ya sea nacional, autonómica o local; que copa programas, titulares y páginas con riadas de grandilocuencia sin decir absolutamente nada. Qué pensaría de unos programas televisivos que llenan las tardes de millones de personas de verborrea vergonzante.

Qué bueno sería llevar adelante como máxima universal el famoso aforismo "si lo que vas a decir no es mejor que el silencio, cállate". A mí me encantaría gritar... "Señores, silencio. ¡Va a hablar mi abuelo!"

(En honor a la maravillosa entrada "Palabras", de Juan Antonio González Romano, en su blog "Ah de la vida", que me ha recordado a un hombre que usó las palabras con exquisita prudencia; mi abuelo)

martes, 8 de diciembre de 2009

Silencio de Sierra Norte

Tras dos días en Almadén de la Plata, pueblo de la Sierra Norte de Sevilla, podría contar la fantástica comida del sábado con nuestros amigos o las gracias de nuestro sobrino postizo que casi con seis años tiene esas ocurrencias de infancia y esa ilusión por descubrir, que encandila a todos los que están cerca. Pero si algo me ha vuelto a impactar es el silencio.

Oigo ahora mismo desde mi ventana el murmullo incesante del tráfico de la ciudad, el rugir de la motocicleta de un muchacho con complejo de inferioridad y una gran necesidad de figurar y de que hablen de él, aunque sea para cagarse en su madre por el escándalo que va montando... Y añoro el silencio de ayer por la noche. Me fumaba un cigarrillo en la puerta de la casa, en plena calle y me pitaban los oidos, como reclamando su ración de ruido ante el vacío. ¡Qué añoranza! ¡Qué bueno el silencio que nos permite oirnos a nosotros mismos!